Santa María Micaela: una respuesta a los clamores de nuestro tiempo

Santa María Micaela: una respuesta a los clamores de nuestro tiempo

La vida y obra de Santa María Micaela continúa iluminando los desafíos actuales desde la espiritualidad, la dignidad humana y el compromiso con las mujeres más vulnerables.

Nuestra fundadora da respuesta a tres grandes clamores de nuestro tiempo, constituyéndose en un faro para quienes nos sentimos atraídos por el carisma de Adoración y Liberación que el Espíritu Santo le inspiró.

1. El clamor de una espiritualidad en libertad

Cada vez más, las personas buscan prácticas que vayan más allá de lo observable y verificable. “Compran” experiencias de acercamiento a la naturaleza, prácticas orientales y otras tantas que solo dan cuenta de la sed de trascendencia, ratificando lo que escribía San Pablo a los romanos: “El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inenarrables” (Rm 8,26).

Por su parte, Micaela, a muy temprana edad, encontró el deleite espiritual haciéndole compañía al Santísimo (Autobiografía, n.º 8). Ya en su vida adulta, y luego de establecer la obra que Dios le inspiró —las Adoratrices—, la escuchaban afirmar que Él era “el amor de mis amores, mi amado, el esposo de mi alma, mi quitapesares, mi consuelo…” (Peña, A., p. 77).

Hoy es posible abrazar esta preciosa herencia de Micaela, integrando la espiritualidad eucarística a la vida cotidiana, siendo motivación para el compartir comunitario, la Misión Compartida y la labor social con las mujeres.

2. El clamor de las niñas y mujeres ante las violencias estructurales

En el siglo XIX, la mujer era una cuestión social muy grave: “tienen abiertos todos los caminos del sentimiento, y cerrados todos los de la inteligencia” (Vázquez, M., 1995, p. 30), y con ello se limitaban las posibilidades de una autonomía social y económica.

En el siglo XXI se han logrado avances en materia de Derechos Humanos de las niñas y mujeres. Pese a ello, en la práctica seguimos legitimando sistemas sociales y económicos que se basan en su explotación, manipulando su consentimiento y utilizando eufemismos como el empoderamiento económico a través de actividades sexuales pagadas, el posicionamiento de la marca personal en redes sociales y plataformas de modelaje webcam, o la filantropía que está en el corazón de muchas mujeres para hacer felices a familias y padres que desean un hijo, al precio que sea.

Micaela comprendió las causas que generaban la explotación de las mujeres y respondió con el Colegio de Desamparadas. Se convirtió en defensora de sus vidas; ella misma fue a arrancarlas “de las garras de proxenetas y vividores” (Peña, A., p. 47), educándolas para que forjasen una vida sostenible.

¿Qué hemos de hacer nosotros —hermanas, laicos y voluntarios Adoratrices— ante la naturalización de las complejas explotaciones a las que son sometidas niñas y mujeres?

Cuestionémonos constantemente sobre ello. Demos espacio a la reflexión y a la oración para comprender desde el Espíritu.

Y algo muy importante: “Adoratrices salvan vidas”, me dijo una activista por el trabajo sexual en Bogotá. Prosiguió diciendo: “Estamos en orillas muy distintas, pero ustedes salvan vidas y ahí no me meto”.

¡Esta es una gran clave!

Las mujeres nos dan elementos de comprensión. Han escapado de la muerte y conocen perfectamente esa estructura del mal. Sigamos escuchándolas.

3. El clamor de estilos de vida coherentes y sencillos

En los diferentes documentos de la Congregación se observa cómo la entonces vizcondesa buscaba la mejor manera de responder caritativamente, con orden y estructura, a las necesidades de su tiempo. Así surgieron iniciativas como “la junta de socorros a domicilio” y “el socorro de monjas” (Autobiografía, n.º 12), así como la junta de señoras que eligió para dirigir el Colegio (Peña, A., p. 43).

Reconoció, sin embargo, que esta última experiencia no era apta para la labor social y eclesial con la mujer. Esto la llevó a asumir personalmente la dirección desde la inspiración que dejó en ella la fuerza del Espíritu Santo en el Pentecostés de 1847 (Autobiografía, n.º 27), dando origen a una nueva congregación con identidad propia.

Las experiencias místicas y de llamado social dejaron raíces tan profundas que, en la sociedad actual, las organizaciones de Iglesia y, muy especialmente, las instituciones de Vida Consagrada constituyen una de las redes más efectivas para responder a situaciones complejas como las guerras y conflictos, las migraciones o la trata de personas.

Somos parte de esta gran red de dignidad humana, por lo que hemos de fortalecer el trabajo coordinado en red desde los principios del Evangelio y los Derechos Humanos, ambos fundamentados en la dignidad de toda persona.

Y me voy a tomar el atrevimiento —que me perdonen mis hermanas religiosas— de afirmar que el clamor actual es también por laicos y voluntarios que integren la identidad Adoratriz para continuar la herencia de Santa María Micaela, hoy más vigente y necesaria que nunca.

 

Victoria Tenjo, laica Adoratriz

Referencias

Asamblea General de Naciones Unidas. (2024). La prostitución y la violencia contra las niñas y mujeres: Informe de la Relatora Especial sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, sus causas y consecuencias. Recuperado de: https://corpocolmena.org/conoce/instrumentos-internacionales/

Peña, A. (s.f.). Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. Lima, Perú: Edición de las Religiosas Adoratrices.

Santa María Micaela del Santísimo Sacramento. (s.f.). Autobiografía. Madrid: Religiosas Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad.

Vázquez, M. (1995). Historia del Instituto de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad. Volumen I (1845-1856). Madrid.

 

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