1 de enero: Nacimiento de Santa María Micaela | Adoratrices

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Aprender del Niño Jesús: la sabiduría de Micaela en Belén

El 1 de enero, fecha en que celebramos el nacimiento de Santa María Micaela, la Familia Adoratriz vuelve su mirada a la fuente que dio forma a su espiritualidad: la humildad y la fuerza transformadora del Niño Jesús.

Entre las numerosas cartas de nuestra fundadora, destaca la fechada el 24 de diciembre de 1864 en Santander (España), donde Micaela contempla el misterio de Belén y reconoce en él una escuela de vida, pobreza evangélica, misericordia y confianza absoluta en Dios. En esta misiva, la santa acepta y goza con fe la situación que le ha tocado vivir.

El portal de Belén como lugar de aprendizaje

Micaela invita a sus hijas a no quejarse de la pobreza, porque es precisamente así como Dios eligió entrar en el mundo. El pesebre, la paja y los pañales humildes que envuelven al Niño Jesús interpelan su corazón y la llenan de alegría y gratitud.

“¿Quién, hijas mías, se atreverá a quejarse de la pobreza que así amó el Niño Jesús?”, escribe en la carta dirigida a Hna. María del Espíritu Santo, que se encontraba en Barcelona. “¿Qué tendrá la pobreza que así la amó el Señor? ¿Qué ricas somos las pobres por amor de Dios! El mundo huye del pobre y de la pobreza y yo la busco y soy avara, como a mi mejor tesoro”, añade.

Para ella, el portal de Belén revela que la grandeza de Dios no se encuentra en la abundancia, sino en la ternura y la riqueza del que abraza la fragilidad.  Micaela no contempla un Niño distante, sino un Dios que se hace pequeño y vulnerable para mostrarnos el camino del amor misericordioso.

“Soy feliz en mi desamparo y en mi pobreza, sólo una pena me apena, la diré, sí que la diré, para que mis hijas aprecien la felicidad que tenemos en nuestras casas. El Santísimo aquí es un contrabando. No veo a mi amado, a mi Señor, a mi Dios y mi todo, expuesto, sólo un día en dos meses”.

El Niño Jesús, maestro de misericordia

En la segunda parte de la carta, se dirige a sus “hijas pequeñas”, esto es, a las colegialas, las jóvenes y mujeres que vivían en las casas de la Congregación.

Con una delicadeza propia de una madre, les indica que aprendan las lecciones que el Niño Jesús enseña desde “la cátedra divina del pesebre de Belén. Jesús vino a salvar sus almas, y la mía con ellas”.

Los vagidos, lágrimas y debilidad del Niño Dios expresan para Micaela un llamado a la compasión y a la entrega (“parece pedirnos almas que le calienten del frío que reina en el mundo”), especialmente por quienes viven la soledad, el abandono o la falta de amor.

En estas palabras reconocemos el corazón de su carisma: una espiritualidad nacida a los pies del Sagrario y aprendida frente al pesebre de Belén, donde la pobreza no es motivo de queja, sino lugar de encuentro con Dios.

Un mensaje actual para la Familia Adoratriz

Hoy, en el aniversario de su nacimiento, las palabras de Santa María Micaela siguen siendo luz para la Adoración y la Liberación:

  • Nos invitan a mirar a Jesús en su pequeñez.
  • Nos recuerdan que la dignidad nace del amor recibido y entregado.
  • Nos animan a cuidar, proteger y acompañar a quienes viven la fragilidad.

Que el Niño Jesús, maestro de misericordia, encienda también en nosotras el fuego del amor que movió el corazón de Micaela. 

 

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