El Papa León XIV en Chiclayo: Una historia compartida con Adoratrices 

El Papa León XIV en Chiclayo: Una historia compartida con Adoratrices 

Durante casi una década, las Adoratrices compartimos misión con Mons. Robert Prevost, obispo de Chiclayo entre 2015 y 2023, hoy Papa León XIV. Su paso por la diócesis dejó una huella profunda también en nuestra Congregación.  

Nos unió la preocupación por las mujeres más vulnerables, en contextos de prostitución, de trata de personas y de migración forzada. Nos unió también su humanidad: un pastor que caminaba junto a las personas, que escuchaba, que se comprometía. 

El inicio de una colaboración pastoral del Papa León XIV con las Adoratrices 

Cuando llegó a Chiclayo en 2015 como nuevo obispo ya estaba en marcha el trabajo de nuestra comunidad con mujeres en situación de prostitución y trata. En ese momento, la comunidad Adoratriz estaba formada por las hermanas Dora Fonseca, Micaela Thomas y Patricia Ramírez. Funcionaba allí el Centro de Capacitación Santa María Micaela, que ofrecía formación técnica e integral a mujeres de Chiclayo y migrantes de otras regiones del país como Cajamarca, Piura, Tumbes o la Ceja de Selva. Sus hijos eran acogidos en la guardería Santa María Micaela. 

Mons. Prevost no solo conoció esta obra, sino que la acompañó activamente desde el primer momento. Celebró la Eucaristía en el centro, conversó con las mujeres, compartió con la comunidad… Mostró siempre una profunda sensibilidad por su realidad y una gran familiaridad en el trato. 

En esos momentos se había creado en la diócesis una Comisión Diocesana para la prevención y ayuda a mujeres víctimas de trata, animada por las hermanas Adoratrices con el respaldo decidido del obispo. En 2018, con el traslado de las hermanas Dora y Patricia, se incorporó a la comunidad la hermana Paula Ríos junto con las laicas Luzmila García, Miriam Gonzales, Lourdes Chalan y Olinda Vásquez.  

Entre finales de 2017 y 2018, la llegada masiva de migrantes venezolanos —especialmente a través de la frontera con Ecuador— supuso un nuevo desafío. Chiclayo fue una de las primeras ciudades de acogida y Mons. Prevost se mostró especialmente sensible ante la situación de vulnerabilidad de las mujeres migrantes, muchas de las cuales terminaban en redes de prostitución o trata. 

Ante esta realidad, se estableció la ampliación y fortalecimiento de la comisión ya existente, promoviendo la Comisión de Movilidad Humana y Trata en la que participaban las Adoratrices. De hecho, parte de las instalaciones de la casa de la Congregación en Chiclayo se habilitó como albergue transitorio para migrantes y el trabajo con las mujeres se intensificó.  

Mons. Prevost no solo respaldó la iniciativa: la acompañó personalmente, manteniendo contacto constante con la comunidad, mostrando cercanía con las hermanas y colaboradoras, y participando en muchas de las actividades. 

Una nueva etapa tras el cierre de la comunidad 

En 2019, al comunicar a la diócesis el cierre de la comunidad de Adoratrices en Chiclayo, Mons. Prevost recibió la noticia con tristeza. Para él, la labor de la Congregación es muy necesaria y valiosa. Por eso propuso que la misión continuara a través de una nueva comisión, formada por hermanas Adoratrices; laicas colaboradoras como Silvia Vásquez (mediadora) y Olinda Vásquez (psicóloga); la coordinadora de la comisión de Movilidad Humana y Trata, Yolanda Díaz; otros miembros de la comisión diocesana y un sacerdote en representación del obispo. 

Desde esta nueva estructura, se emprendió un intenso programa de trabajo de campo, visitando directamente los lugares donde se encontraban las mujeres en situación de prostitución. Con esos datos, y en un proceso de reflexión conjunta —en el que el propio obispo participó—, se fue configurando el nuevo proyecto. Aun sin presencia física en Chiclayo, las hermanas Adoratrices Matilde Rodríguez y Begoña Requejo continuaron acompañando el proceso desde Lima, realizando visitas frecuentes. 

La pandemia y el nuevo impulso  

La pandemia de 2020 obligó a una pausa, pero no apagó el compromiso. En 2021, al observar la situación de prostitución y trata agravada en Chiclayo, Mons. Prevost animó a un grupo de laicos concienciados a integrarse a una subcomisión de trata dentro de la de Movilidad y Trata. Gracias a esta propuesta, el proyecto volvió a tomar fuerza y se convirtió en un grupo vivo y dinámico.  

El obispo también solicitó entonces que las Religiosas Adoratrices ofrecieran la formación sobre intervención integral con mujeres en situación de prostitución. La formación online, impartida por las hermanas Matilde y Begoña, fue recibida con entusiasmo… y el primero en participar fue él mismo. 

Hasta su marcha a Roma, un acompañamiento constante 

Hasta 2023, año en que el obispo Prevost fue convocado por el Papa Francisco para presidir el Dicasterio para los Obispos del Vaticano, Mons. Prevost continuó acompañando este proceso: celebrando la Eucaristía, confesando en los retiros espirituales organizados para las mujeres, alentando al equipo con su presencia y apoyo incondicional.  

También hasta ese año, el grupo de personas laicas comprometidas contra la prostitución y la trata de personas fue acompañado vía online por una hermana Adoratriz. 

Testimonios que hablan por sí mismos 

Estos son algunos de los testimonios recogidos de las personas que trabajaron con el Papa León XIV en esta misión: 

“Me llamó la atención su cercanía con las mujeres en situación de prostitución, estuvo atento a saludarlas con sencillez y cercanía. En su homilía expresaba el valor y respeto a la mujer y la importancia de tenderles una mano para que puedan superarse en la vida”, recuerda Olinda. 

“Fue un hombre cercano, de escucha activa, sensible ante la realidad de las mujeres”, dice la hermana Dora. 

Me tocó el corazón el mensaje que les dirigió, les habló de voltear el Rostro hacia Jesús y que tuvieran esperanza en Él”, comparte Miriam. 

El Papa León XIV es un hombre religioso, humilde, cercano, entregado y responsable. Tenía mucho interés en la atención a las mujeres. Por eso cuando Adoratrices dejamos Chiclayo, él quería continuar con la misión”, recuerda la hermana Micaela. 

Tuvimos las Adoratrices, hermanas y laicas la oportunidad de visitar a Monseñor Robert Prevost. Me impactó su sencillez, escucha y apertura. Irradiaba calor humano, nos dejaba hablar y estaba dispuesto a colaborar con nosotras”, dice Lourdes. 

Asumimos con compromiso todo lo que él impulsó por el bien de las mujeres”, añade Luzmila. 

Agradezco personalmente a las Adoratrices el acoger el pedido de Monseñor Robert Prevost, de acompañarnos en la formación que nos brindaron en la intervención para atender a las mujeres”, concluye Yolanda. 

Hoy, aunque la Congregación de Adoratrices ya no forma parte del equipo, seguimos colaborando en algunas ocasiones desde Lima con el proyecto que construimos juntas. 

Damos gracias por haber recorrido este camino junto a un sacerdote humilde, comprometido y profundamente evangélico. Hoy es Papa. Pero para nosotras, siempre será el Pastor que supo poner el Evangelio en práctica caminando al lado de las mujeres más vulnerables. 

 

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