En la mañana del 28 de mayo de 2025 las hermanas junioras Adoratrices en formación han vivido un momento especialmente significativo en su vida: han participado en la audiencia general con el Papa León XIV en la plaza de San Pedro.
Acompañadas por las hermanas Carmen Pascual, Gabriela Valot y Lissiamma Turuthikara del Gobierno General, han podido escuchar la catequesis del Santo Padre y, al final, saludarlo personalmente en la escalinata de la Basílica.
Un saludo que se transforma en memoria viva
Tras la audiencia, las hermanas han tenido la oportunidad de conversar brevemente con el Papa. En un gesto de cercanía y afecto, León XIV ha recordado su paso por la comunidad de Adoratrices en Chiclayo (Perú). Con ella compartió misión con las mujeres en situación de prostitución y trata cuando era obispo de esa ciudad.
Sus palabras han sido para las junioras un signo de comunión eclesial y de reconocimiento a la misión que la Congregación realiza en distintos lugares del mundo.
Un signo de comunión y esperanza
Este encuentro con el Papa ha sido un regalo inesperado en su proceso de preparación hacia los votos perpetuos. La palabra del Santo Padre, su cercanía y la memoria de un pasado compartido con la Familia Adoratriz han resonado con fuerza en su vivencia actual de la vocación como camino de Adoración y Liberación.
Momentos como este fortalecen el deseo de responder con generosida a la llamada de Dios, de vivir una vida entregada al servicio de las mujeres en situación de vulnerabilidad, y de caminar siempre en comunión con la Iglesia y al ritmo del Espíritu Santo.
La catequesis: ser prójimo en el camino
Durante la audiencia general, en el marco del ciclo de catequesis preparado para el Jubileo 2025, el Papa ha ofrecido una meditación sobre el tema: “Jesucristo, nuestra esperanza. La vida de Jesús. Las parábolas 7. El samaritano”.
Tomando como centro el pasaje de Lucas 10, el Santo Padre ha invitado a releer la parábola del buen samaritano como un llamado a transformar nuestra forma de mirar al otro:
“La parábola nos habla de compasión, de comprender que antes de ser creyentes debemos ser humanos”.
“El texto nos pide reflexionar sobre nuestra capacidad de detenernos en el camino de la vida, de poner al otro por encima de nuestra prisa, de nuestro proyecto de viaje”.
“Nos pide estar dispuestos a reducir las distancias, a implicarnos, a ensuciarnos si es necesario, a hacernos cargo del dolor del otro y gastar de lo nuestro, volviendo a su encuentro, porque el prójimo es para nosotros alguien cercano”.