Del 6 al 9 de agosto de 2026, Bogotá (Colombia) acogió la Asamblea Provincial de Misión Compartida América, un espacio de encuentro, formación, oración y discernimiento que reunió a hermanas, laicos y laicas Adoratrices de distintos países bajo el título “Comunidades vivas que caminan en esperanza” y el lema “¡Tras las huellas de Micaela, tras las huellas Adoratrices al ritmo de Micaela!”.
La Asamblea fue convocada por el Gobierno Provincial de América, encabezada por la Dupla de Misión Compartida – Acción Liberadora, integrada por las hermanas Luz Mary Builes Ocampo y Matilde Rodríguez Salvatierra, Consultoras Provinciales, quienes acompañaron y animaron este camino de reflexión compartida.
Un hogar para el encuentro
La llegada a Bogotá estuvo marcada por la alegría del reencuentro y la expectativa de compartir varios días de convivencia fraterna. Los más de 2.600 metros de altura de la ciudad exigieron una adaptación pausada, permitiendo que cada participante se dispusiera para vivir plenamente la experiencia.
El encuentro se desarrolló en el Centro de Espiritualidad de las Religiosas Adoratrices, que tuvo como anfitriona a la comunidad de Bogotá. Su cálida acogida, cercanía y servicio crearon desde el primer momento un ambiente de familia, favoreciendo el diálogo, la oración y el compartir entre quienes llegaron desde distintos rincones del continente.
Caminar juntos como una sola familia carismática
La apertura oficial contó con la participación de la Hna. Teresa Valenzuela, Superiora Provincial de América, quien invitó a vivir la Asamblea como un tiempo de escucha, renovación y compromiso con el carisma Adoratriz.
A lo largo de las jornadas también se hizo presente la dimensión universal de la Congregación. Desde Madrid, a través de Zoom, participó la Hna. Pilar Casas, Superiora General, compartiendo un mensaje de cercanía y esperanza. En sus palabras recordó que religiosas y laicos formamos una misma Familia Adoratriz, llamada a vivir la complementariedad, la corresponsabilidad y la Pedagogía del amor.
De igual manera, la dupla del Gobierno General, integrada por las hermanas Rosaura Patiño y Carmen Pascual, acompañó virtualmente la Asamblea y lanzó uno de los desafíos que marcaría todo el encuentro: “Pasar del hacer juntas al ser juntas”.
Este llamado invitó a profundizar el sentido de la misión compartida, entendida no solo como colaboración en tareas o proyectos, sino como una experiencia auténtica de comunión, corresponsabilidad y construcción conjunta de la misión.
Volver a las raíces para responder al presente
Uno de los momentos centrales de la Asamblea fue la reflexión ofrecida por la Hna. Viviana Forero (H.J), quien abordó la experiencia de las primeras comunidades cristianas y su relación con la exhortación apostólica Christifideles Laici.
Su aporte ayudó a redescubrir elementos esenciales para la vida comunitaria: la unidad en la diversidad, la confianza mutua, el diálogo sincero, la formación integral del laicado y la necesidad de afrontar los desafíos comunitarios con verdad y fraternidad.
A través de espacios de intercambio y trabajo grupal, los participantes reflexionaron sobre su identidad como laicos y laicas Adoratrices y sobre la llamada a ser signos de esperanza y restauradores de dignidad humana en sus propias realidades.
Una mirada valiente a las heridas de nuestro tiempo
La Asamblea también dedicó un espacio importante a profundizar en la realidad de las mujeres que viven situaciones de explotación y violencia.
La antropóloga Fernándes ofreció una aproximación al fenómeno de la explotación sexual desde la perspectiva de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional, ayudando a comprender las estructuras de desigualdad y violencia que sostienen estas realidades.
Posteriormente, María Victoria Tenjo, laica adoratriz, compartió los resultados de una investigación sobre la trata de personas con fines de explotación sexual en varios países andinos. La presentación visibilizó factores de vulnerabilidad, formas de captación y control utilizadas por las redes de explotación, así como las profundas consecuencias que estas experiencias dejan en la vida de las mujeres.
Estas reflexiones constituyeron un verdadero llamado a renovar el compromiso de la misión Adoratriz con la prevención, la protección, la incidencia social y la defensa de los derechos humanos.
Adoración y Liberación: el corazón del carisma
La última jornada estuvo dedicada a profundizar en el legado espiritual de santa María Micaela.
De la mano de Margarita Carvajal, laica Adoratriz, los participantes reflexionaron sobre el legado espiritual de santa María Micaela y sobre los pilares de la vida laical Adoratriz: Adoración y Liberación.
La Adoración nos recuerda que todo nace del encuentro con Jesús Eucaristía.
La Liberación nos impulsa a salir al encuentro de las mujeres más vulneradas para acompañar procesos de dignidad, justicia y transformación.
Comprendimos que ambas dimensiones son inseparables porque la adoración auténtica siempre nos mueve hacia la vida y la liberación encuentra su fuerza en la experiencia profunda de Dios.
La Asamblea también hizo memoria agradecida de la presencia histórica de las Adoratrices en América Latina, reconociendo las huellas que generaciones de hermanas y laicos han dejado en los diferentes países y renovando el compromiso de continuar esa misión en el presente.
Un manifiesto para los desafíos de hoy
El camino recorrido durante la Asamblea tomó forma concreta en el Manifiesto de Misión Compartida de la Provincia de América.
Este llamado a la acción fue impulsado por la Dupla de Misión Compartida – Acción Liberadora, coordinadoras del evento, como fruto del proceso vivido durante el encuentro y del discernimiento compartido por las comunidades participantes.
Un manifiesto nacido de la reflexión colectiva, la oración y el discernimiento comunitario. En él se asumen compromisos claros ante los desafíos que hoy nos presenta la realidad:
- A responder a las nuevas formas de explotación vinculadas a las tecnologías digitales y a denunciar la captación y violencia que se ejerce a través de espacios virtuales.
- A fortalecer redes de acogida para las mujeres migrantes expuestas a situaciones de trata y explotación.
- A priorizar la salud mental, el acompañamiento profesional y los procesos de sanación integral.
- A trabajar en red con organizaciones, academia, Iglesia y sociedad civil para promover los Derechos Humanos.
- Y también a construir comunidades seguras y de buen trato, libres de prejuicios, donde cada persona pueda sentirse acogida, escuchada y respetada.
Además, el manifiesto reafirma el compromiso con una formación permanente desde una corresponsabilidad real, donde laicos y religiosas comparten plenamente la vida, la misión y las responsabilidades que supone el carisma.
Las reflexiones y compromisos surgidos durante la Asamblea fueron recogidos y plasmados en el documento final a cargo de la Sra. Magnolia Fernández, de Misión Compartida Medellín (Colombia), quien dio forma a la voz colectiva expresada por las comunidades participantes.
Una esperanza que continúa caminando
La Asamblea concluyó con la celebración de la Eucaristía, acción de gracias por el camino recorrido y por los compromisos asumidos.
Los participantes regresaron a sus comunidades con el corazón agradecido, fortalecidos por la experiencia vivida y convencidos de que la misión compartida sigue siendo una respuesta viva a los desafíos de nuestro tiempo.
El sueño de Santa María Micaela continúa latiendo en cada comunidad que acompaña, escucha, libera y transforma.
Continúa vivo en cada religiosa, laico y laica que hace de la adoración una fuente de vida y de la liberación una respuesta concreta ante el sufrimiento humano.
Con esperanza renovada, la Asamblea reafirmó una convicción que resonó durante todo el encuentro: somos custodios de la dignidad humana, llamados a caminar juntos al servicio de la vida, la justicia y la libertad de las mujeres en América.
Misión Compartida. Provincia Adoratrices de América.