Tercer Domingo de Cuaresma: Parábola de la higuera estéril, Dios no se rinde contigo | Adoratrices

Tercer Domingo de Cuaresma: Parábola de la higuera estéril, Dios no se rinde contigo | Adoratrices

Desde Adoratrices,  reflexionamos este tercer Domingo de Cuaresma sobre la parábola de la higuera estéril, una enseñanza de Jesús que nos habla de paciencia, segundas oportunidades y la capacidad de dar fruto. En el Evangelio de hoy (Lucas 13, 1-9) Jesús habla de un hombre que tenía una higuera en su viña y, durante tres años, esperó que diera fruto sin éxito. Cansado de esperar, decidió cortarla. Entonces aparece la figura del viñador, alguien que ve las cosas de otra manera. En lugar de deshacerse del árbol, le pide al dueño que le dé otra oportunidad: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré.”

Jesús no está hablando solo de árboles y cosechas. Nos habla a cada una de nosotras. Hay momentos en la vida en los que sentimos que no avanzamos, que el tiempo pasa y seguimos igual. Pero Dios no nos mide con prisas ni con exigencias. Él es el viñador que sigue apostando por nuestra vida. Este Evangelio no es una advertencia dura ni una amenaza. Es una invitación a crecer, a despertar y a dar fruto.

Cuando la vida parece estéril, Dios sigue esperando

En Adoratrices, acompañamos a mujeres que llegan sintiéndose como esa higuera de la parábola. Cansadas, sin expectativas, con la sensación de que ya no tienen alternativas. Muchas han vivido situaciones de abandono, de explotación, han experimentado el rechazo una y otra vez. Algunas han escuchado tantas veces que “no valen” que han terminado por creerlo.

Este fue el caso de María (nombre ficticio). Cuando llegó a una de nuestras casas, estaba agotada, sin esperanza, sin rumbo. Había experimentado la explotación y el rechazo tantas veces que pensaba que su vida no iba a cambiar. Sin embargo, como en la parábola, Dios siguió a su lado, confiando en que el cambio siempre es posible. Poco a poco, gracias a pequeños gestos de cariño, al acompañamiento de las hermanas y al apoyo de otras mujeres, algo en ella empezó a cambiar. Este cambio no fue de la noche a la mañana, ni hubo un “milagro” instantáneo. Pero un día, María se dio cuenta de que había dado pasos firmes: estaba formándose para ejercer un trabajo que le gustaba, hizo nuevas amistades, volvió a sonreír y a tener esperanza.

Hoy, María sigue en su camino de reconstrucción personal. Ya no se siente estéril ni sin rumbo. Ahora sabe que Dios y la vida le han dado una nueva oportunidad, y, aunque el camino sea largo, merece la pena seguir adelante.

Este Evangelio también habla de ti

A veces, sin darnos cuenta, somos parecidas a esa higuera y pensamos que nadie apostaría por nosotras: ¿Sientes que hay algo en tu vida que no avanza? ¿Te cuesta creer que aún hay oportunidad de cambio? ¿Has dejado que algunas áreas de tu vida se apaguen y ya no den fruto?

La buena noticia es que Dios no se rinde contigo. Él sigue cavando alrededor de tu vida, preparando la tierra, dándote señales. La Cuaresma es el tiempo perfecto para abrirnos a su gracia y permitir que nos renueve.

Cómo vivir este tercer Domingo de Cuaresma

No hace falta hacer grandes cambios de golpe, pero sí puedes dar un primer paso esta semana.

Aquí tienes 3 claves sencillas:

  1. Mira qué áreas de tu vida necesitan un cambio. No todo tiene que evolucionar de inmediato. Solo hazte una pregunta clave: ¿qué puedes mejorar? ¿Hay una relación que necesitas sanar? ¿Un miedo que te impide avanzar? ¿Algo que Dios te está pidiendo desde hace tiempo y sigues postergando?
  2. Pide a Dios la gracia de crecer. Nadie puede dar frutos sin ayuda. Haz una oración sincera, si no sabes cómo empezar, basta con decir: “Señor, aquí estoy. Ayúdame a dar fruto.”
  3. Haz algo concreto por los demás. Un árbol no da fruto para sí mismo, sino para alimentar a otros. ¿Cómo puedes ser un signo de vida para alguien esta semana? Escucha sin prisa, ayuda sin esperar nada a cambio, dedica un poco de tu tiempo a quien lo necesite.

Tu vida puede dar fruto

Jesús no contó esta parábola solo para hablar de un árbol seco, nos la dio a conocer porque cree en nosotras. A veces, creemos que no tenemos nada que ofrecer. Que estamos demasiado rotas, demasiado cansadas, que es demasiado tarde para cambiar. Pero Dios nos ve distinto. Donde otros ven un árbol seco, Él ve la posibilidad de un fruto. Donde nosotras vemos tierra árida, Él ve vida, que hay algo que aún puede crecer.

Que este tercer Domingo de Cuaresma nos ayude a soltar lo que nos estanca y confiar en que Dios sigue apostando por nuestra vida.

Sigue caminando con nosotras en este tiempo de Cuaresma. La próxima semana seguimos adelante.

Si te perdiste la reflexión del segundo Domingo de Cuaresma, puedes leerla aquí.

 

Lee la noticia en inglés

Lee noticia en portugués

Compartir

Noticias relacionadas