En este 2º Domingo de Cuaresma, desde Adoratrices queremos acompañarte a descubrir cómo la Transfiguración de Jesús no es solo un episodio del Evangelio, sino una invitación real a dejar que su luz transforme nuestras vidas.
Subir al monte y dejarse transformar
El Evangelio de hoy (Lucas 9, 28b-36) presenta un momento muy especial en la vida de Jesús y tres de sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan . Un día, Jesús los llevó con Él a lo alto del monte Tabor. Seguramente buscaban un momento de calma, lejos del ruido de la gente y del día a día.
Pero lo que vivieron allí los dejó sin palabras. Mientras oraban, algo cambió. De repente, vieron a Jesús de una forma distinta, con una luz especial, como si, por primera vez, pudieran ver quién era realmente. Junto a Él, aparecieron Moisés y Elías, dos figuras clave en la historia del pueblo de Israel. Los discípulos no entendían bien lo que estaba pasando, pero sabían que era algo grande, algo que no olvidarían nunca.
Y, en medio de todo aquello, una voz resonó. Era Dios Padre y Madre, confirmándoles lo que quizás ya intuían, pero ahora veían con claridad: “Este es mi Hijo, el Elegido; escuchadlo.”
Este momento no solo les mostró quién era Jesús, sino que también los preparó para lo que vendría. Pronto llegarían tiempos difíciles, la pasión y la cruz. Pero esa experiencia en la montaña sería un recuerdo firme de que, aunque el camino a veces sea oscuro, la luz de Dios siempre está ahí.
La luz que transforma las noches oscuras
En Adoratrices, aprendemos día a día que la luz de Dios no es algo que solo ocurre en montañas sagradas. La hemos visto brillar en espacios pequeños y discretos: cuando una mujer empieza a contar su historia por primera vez, en talleres donde alguien recupera la ilusión al aprender un oficio, en una mirada que vuelve a brillar tras meses de silencio.
Pensamos en mujeres como Lucía (nombre ficticio), que llegó a una de nuestras casas después de muchos años de adicción, de explotación sexual y de exclusión. Estaba convencida de que su historia no podía cambiar, su luz interior estaba apagada.
Al principio, participaba en silencio en las actividades, sentada discretamente al fondo. Pero, un día, decidió abrirse. No era capaz de escoger las palabras exactas para definir lo que sentía, solo dijo: “No entiendo por qué, pero siento paz.”
Esa paz fue el primer resplandor, a partir de ahí, Lucía comenzó a dejar que esa luz le invadiera, a confiar un poco más en sí misma y en quienes la acompañaban. No fue un cambio mágico ni inmediato, pero fue real. Hoy, su historia sigue en construcción, pero ella ya sabe que la luz de Jesús existe… y que está dentro de ella.
La Transfiguración es también para ti
A veces pensamos que estos relatos bíblicos nos quedan lejos: “Eso le pasó a Pedro, a Juan y a Santiago… pero no a mí.” Sin embargo, la Transfiguración es también una invitación para cada una de nosotras.
Dios quiere subir contigo al monte Tabor, mostrarte que dentro de ti hay una luz que quizás no conoces, una belleza que no depende de lo que has vivido, sino de quién eres: hijo o hija amada.
Para poder esa luz, hay que atreverse a subir. Y subir cansa. Supone el esfuerzo de confiar, salir de la comodidad, hacer silencio, dejar atrás lo que nos pesa. A veces cuesta, pero la cima merece la pena.
Cómo vivir este 2º Domingo de Cuaresma
Te invitamos a hacer un pequeño “ascenso espiritual” esta semana. No hace falta complicarse demasiado, solo haz un poco de espacio para encontrarte con Jesús y contigo misma.
Te proponemos 3 claves:
- Haz silencio y ora: Busca un momento en el día para apagar el móvil, desconectar y estar en silencio. No te preocupes por “rezar bien”, simplemente preséntate: “Aquí estoy, Señor”.
- Déjate mirar por Dios: Imagina que Él te observa con la misma ternura con la que un padre o madre mira a su hija/hijo. Sin juicios, sin exigencias, solo con amor.
- Sé luz para alguien: Si Dios nos transforma con su luz, es para que esa luz no se quede encerrada en nosotras mismas. Realiza un gesto concreto: llama a alguien que viva solo, dedica tiempo a escuchar, escribe un mensaje de ánimo, ten un detalle extraordinario…
La luz no es solo para ti
La Transfiguración no es solo un regalo privado entre Jesús y sus discípulos predilectos. Lo que Pedro, Santiago y Juan vivieron fue algo para compartirlo después. Lo mismo pasa con nosotras: cuando dejamos que Dios nos transforme, no es solo para estar bien personalmente, es para que esa luz se contagie.
Lucía, la mujer de la que hablábamos antes, hoy acompaña a otras mujeres en situaciones similares a la que ella vivió. Su luz es más fuerte porque sabe lo que es la oscuridad. Esto forma parte de la Cuaresma: dejarnos transformar para que otras personas también encuentren un camino.
Deja que la luz te encuentre
Quizás sientes que estás lejos de ese monte, que tu vida es más un desierto que la cima del Tabor. No pasa nada, Jesús sube contigo. Su luz es paciente y solo hace falta abrir un poco el corazón para dejar que entre.
Hoy es un buen día para recordar que la luz siempre está, aunque a veces no la veamos. Y que, cuando nos atrevemos a buscarla, nos transforma y nos convierte en faros para otros.
Sigue acompañándonos en este camino de Cuaresma. El próximo domingo seguimos recorriéndolo juntas.