El 25 de agosto de 2026, aniversario de la partida de santa María Micaela, la Provincia de América vivió un acontecimiento lleno de alegría y esperanza con la iniciación al Noviciado de Adriana González y Noemí Díaz, quienes comienzan una nueva etapa en su camino vocacional.
“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Sal 126,3).
La celebración tuvo lugar en la comunidad de Villa Progreso, Argentina, en un clima de alegría, oración y fraternidad. Acompañaron este momento la hermana Teresa Valenzuela, Superiora Provincial de América, y la hermana Ángela Medina, Vicaria Provincial, junto a la comunidad local.
A través de una conexión virtual se unieron también hermanas de las distintas comunidades de América, integrantes del Gobierno General, miembros del Consejo Provincial, el Noviciado Internacional y numerosos miembros de la Familia Adoratriz desde diferentes países. De este modo, se hizo visible la riqueza de nuestra familia congregacional, unida por la oración, el carisma y la misión de Adoración y Liberación.
Un nuevo paso en el camino vocacional
La celebración comenzó con el canto “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, una expresión de disponibilidad ante la llamada de Dios. En este clima de oración, Adriana y Noemí realizaron formalmente su petición de ingreso al Noviciado, manifestando ante la Congregación su deseo de continuar profundizando en el seguimiento de Jesús desde el carisma Adoratriz.
La hermana Teresa Valenzuela acogió esta petición y compartió una reflexión centrada en el significado del Noviciado como tiempo de discernimiento, crecimiento espiritual y configuración progresiva con Cristo. En sus palabras destacó la importancia de profundizar en la vida de oración, la experiencia comunitaria, la misión apostólica y la vivencia de los consejos evangélicos, manteniendo siempre una actitud de búsqueda sincera de la voluntad de Dios.
Tras la lectura de los textos de las Constituciones y del Directorio que acompañan esta nueva etapa formativa, llegó uno de los momentos más significativos de la celebración: la entrega de la cruz.
La hermana Ángela Medina invitó a contemplar este gesto como signo del seguimiento de Jesús Redentor, centro de la vida y de la vocación Adoratriz. Después de una oración especial, Adriana y Noemí recibieron la cruz y fueron acogidas con un abrazo fraterno que expresó la cercanía y el acompañamiento de toda la Congregación.
La acción de gracias continuó con el canto del Magníficat, recogiendo la alegría por la obra que Dios sigue realizando en la vida de tantas mujeres que responden generosamente a su llamada.
Un camino que continúa en el Noviciado Internacional
Durante la celebración se compartió también que ambas novicias continuarán su formación en España. Allí vivirán esta etapa en el Noviciado Internacional, enriqueciendo su experiencia vocacional en un contexto intercultural y congregacional.
El encuentro concluyó con el rezo del Padre Nuestro y un espacio de fraternidad en el que hermanas de distintas comunidades expresaron palabras de aliento, cercanía y bendición para las nuevas novicias. Los saludos, los aplausos y la emoción compartida reflejaron la gratitud de toda la Familia Adoratriz ante este nuevo paso vocacional.
La voz de las novicias
Para Adriana González, este paso representa “el inicio de una vida renovada desde el corazón para aprender a amar con libertad”. Reconoce que esta experiencia ha fortalecido su encuentro con Jesús Salvador, especialmente en medio de sus fragilidades, descubriendo en Él la fuente de sanación, fortaleza y esperanza.
“La ilusión con la que comienzo esta nueva etapa es saber que ya no camino sola y que Jesús será quien acreciente y purifique el amor depositado en mi corazón para construir juntos una vida radicalmente entregada al Reino de Dios”.
Por su parte, Noemí Díaz expresa este momento desde una profunda gratitud por la llamada recibida:
“Con un corazón lleno de gratitud, doy gracias a Dios por haberme llamado y por haberme permitido descubrir mi vocación en esta hermosa Familia Adoratriz”.
Asimismo, destaca la alegría de iniciar el Noviciado acompañada por sus hermanas y agradecida por el don del carisma heredado de santa María Micaela, que la impulsa a adorar a Cristo y servirle en las mujeres que más sufren.
Hoy, como Familia Adoratriz, damos gracias por el sí generoso de Adriana y Noemí. Confiamos su camino a la intercesión de santa María Micaela, para que las acompañe en esta nueva etapa y las ayude a crecer cada día en el amor a Jesús Liberador, viviendo con audacia, alegría y fidelidad la vocación a la que han sido llamadas.