Del 10 al 17 de septiembre de 2026, 10 hermanas Adoratrices de la Provincia de América con menos de 10 años de votos perpetuos se reunieron en Bogotá (Colombia) para vivir un encuentro de formación, oración y fraternidad inspirado en el lema: “Volver al primer Amor, para responder con fidelidad creativa a los signos de los tiempos, arraigadas en Cristo y al servicio del Reino”.
Coordinado por el Equipo de Formación y Pastoral Vocacional de la Provincia de América, con el acompañamiento de las hermanas Ángela Medina y Albeana Arias, este encuentro, se vivió con profunda alegría, gratitud y fraternidad.
Los espacios de oración y reflexión propiciaron un encuentro desde el interior, donde las hermanas pudieron releer su camino desde la profesión perpetua, reconocer la presencia de Dios en sus historias personales y renovar el sentido de su vida consagrada.
Esta experiencia recordó que todo proceso de cambio y transformación comienza desde una renovación personal, desde la apertura del corazón y la mirada profunda sobre la propia vida, para acoger con mayor disponibilidad los desafíos del presente y responder con fidelidad al carisma recibido.
Volver a Galilea: regresar al lugar donde nació la llamada
Desde el inicio, las hermanas fueron invitadas a volver al primer amor, a esa “Galilea” donde nació la llamada del Señor.
Durante la apertura, Hna. Teresa Valenzuela, Superiora de la Provincia de América, animó a releer la propia historia con gratitud y esperanza, destacando el Plan de Formación General de la Congregación como una expresión pedagógica del carisma que acompaña las distintas etapas de la vida consagrada.
Volver a Galilea significó regresar a la experiencia fundante de la vocación para reconocer cómo Dios continúa renovando hoy la llamada. A la luz del Evangelio, las hermanas se preguntaron nuevamente qué sostiene su respuesta y cómo seguir respondiendo con fidelidad creativa.
Uno de los momentos más significativos fue el taller “Dejar la mochila, volver al amor, recobrar el impulso”, iluminado por Jn. 21, 1-19, donde la pregunta de Jesús: “¿Me amas?” invitó a recuperar el fuego primero y a renovar la respuesta vocacional.
¿Cómo entrar en profundidad para renovar la vida consagrada?
La formación, acompañada por la Hna. Blanca Cecilia Cely, ODN, ofreció un camino de reflexión sobre el autoconocimiento, la madurez humana y la vida comunitaria.
A partir de la pregunta “¿Quién soy?”, las hermanas profundizaron en su identidad, reconociendo fortalezas, límites y procesos personales como parte del crecimiento vocacional.
También se reflexionó sobre la necesidad de responder a los desafíos actuales con creatividad, fortaleciendo una comunicación más humana y fraterna, y reafirmando que las comunidades están llamadas a ser verdaderos hogares donde cada hermana pueda experimentar que su vida importa.
Una experiencia de comunión, renovación y esperanza
El encuentro también estuvo marcado por momentos de integración, celebración y alegría compartida, fortaleciendo los lazos entre hermanas provenientes de distintos países de la Provincia de América.
Durante estos días participaron además en la presentación de la Fundación Micaela, reconocida como un signo de esperanza al servicio de la misión y de la vigencia del carisma de Adoración-Liberación.
La experiencia concluyó ante el Santísimo Sacramento, en un profundo momento de acción de gracias y renovación del Sí, reconociendo en la presencia de Jesús el centro y sentido de la vocación consagrada.
A la luz del Evangelio del día (Lc 7, 36-50), las hermanas contemplaron el gesto de aquella mujer que, por amor a Jesús, derramó su perfume como signo de una entrega total y un corazón agradecido. Este pasaje iluminó el envío final: el perfume de Cristo que cada una recibe en su vida no es para conservarlo, sino para dejarlo salir y compartirlo con quienes encuentran en el camino.
Con el signo del perfume, las hermanas fueron enviadas a continuar siendo presencia de Cristo, llevando la ternura de su amor y la fragancia del Evangelio allí donde son llamadas a servir.
Con el corazón agradecido, regresaron a sus comunidades renovadas en la certeza de que “las cuatro de la tarde siguen siendo hoy”, respondiendo con fidelidad creativa, arraigadas en Cristo y al servicio del Reino desde el carisma de Adoración-Liberación.