Encuentro de Junioras de la Provincia de América 2026 | Adoratrices

Encuentro de Junioras de la Provincia de América 2026 | Adoratrices

Del 2 al 15 de febrero, las hermanas junioras Adoratrices Mimose, Sofía, Marcela, Isis y Yeraldine (Provincia de América) vivieron en Argentina el Encuentro de Junioras de América 2026, unos días marcados por el encuentro fraterno, la formación y los Ejercicios Espirituales.

Una acogida que ensancha el corazón

Las hermanas junioras llegaron a la casa de Villa Progreso, donde la comunidad ofreció una acogida cercana y familiar. En ese inicio, la Hna. Ángela Altagracia, Vicaria Provincial, les dio la bienvenida y animó a entrar con hondura en esta etapa formativa.

Acompañadas por la Provincial, Hna. Teresa Valenzuela, las junioras profundizaron en la belleza de los votos, entendidos no como conceptos, sino como una entrega encarnada en lo cotidiano.

Ocho días de Ejercicios Espirituales: un itinerario vocacional

En la casa de General Rodríguez, las junioras vivieron el silencio y la hondura de los Ejercicios Espirituales, dirigidos por el Pbro. Martín Melo, siguiendo la metodología de San Ignacio. En un itinerario de ocho días recorrieron el “Camino de la Vocación Adoratriz”, con etapas que fueron iluminando el corazón y la misión.

El itinerario se articuló en torno a varias claves:

  • Identidad y Dignidad, desde la memoria agradecida y la contemplación de Jesús que restaura la dignidad con su método: ver, llamar, tocar, liberar y alabar.
  • Corazón indiviso, profundizando en castidad, pobreza y obediencia, con el Padrenuestro como brújula para reordenar afectos.
  • Fraternidad y compasión, aprendiendo a pasar “del Sagrario a la calle”, para que la compasión transforme la indignación en “caricia concreta”.
  • Permanecer y Liberar, junto a la Virgen María, al pie de tantas cruces actuales.
  • Hoja de ruta, con un proyecto de vida concreto y verificable para que la Pascua sea “paz operativa”.
  • Emaús, reconociendo que la Adoración convierte a las Adoratrices en “pan partido” para las nuevas “cárceles y egiptos” de hoy.

Peregrinar a Luján: poner la vocación bajo el manto de María

Los Ejercicios culminaron con la visita al Santuario de Luján, donde se depositó la vocación en el manto de María y se llevaron, de modo especial, los rostros de las mujeres acompañadas en la misión. Allí se renovó el compromiso de ser custodias del corazón y artesanas de esperanza.

Formación para sostener el camino

Después de los Ejercicios, el encuentro continuó con espacios formativos: una reflexión sobre el juniorado (a partir de un artículo de Sor Gemma Morató), el Plan General de Formación (PGF) y sus propuestas, la economía desde una mirada evangélica, y orientaciones sobre el sigilo, el cuidado de la historia y la comunicación responsable.

Una palabra que resume lo vivido: esperanza

Entre los testimonios compartidos por las hermanas, una palabra aparece como síntesis: esperanza. No como un concepto abstracto, sino como certeza experimentada.

“La palabra sería esperanza, y la refuerzo con el ‘alégrate porque el Señor está contigo’ de María. Porque la alegría del Dios que me ama, me convoca y acompaña la presencio en el carisma Adoratriz, que invita a vivir con otras”. (Hna. Yeraldine)

En este sentido, la Hna. Sofía resaltó cómo en estos días de oración y formación resonó con fuerza el grito de la desesperanza, especialmente en el sufrimiento de tantas mujeres que emigran sin saber cómo enfrentar su futuro. Ese clamor se convirtió en una llamada a ser signo del amor misericordioso de Dios.

“¡Vivir en esperanza es el grito que quiero dar día a día!!” (Hna. Sofía)

Caminar junto a otras hermanas en la misma etapa

El juniorado, como etapa de maduración vocacional, se vivió también como un don que se construye en fraternidad. En los testimonios se subraya que caminar juntas ayuda a reconocerse en un mismo Espíritu, como una “partitura común”.

“Para mí, caminar junto a otras hermanas en el juniorado significa reconocer que el Espíritu no escribe una historia individual, sino una partitura común.” (Hna. Marcela)

Sobre este aspecto aparecieron tres acentos: espejo de Gracia, corresponsabilidad en el Carisma y profecía de la Fraternidad.

Una palabra para quien tiene miedo

Los testimonios también se refieren a aquellas mujeres jóvenes que puedan sentir miedo ante la respuesta vocacional: Dios no pide lo imposible, sino un corazón abierto, capaz de dar un paso más.

“Dios no espera que tengas todo claro en el primer momento, solo que te animes a dar un paso más adelante, a acercarte a Él, sin miedo y sin vergüenza.” (Hna. Mimose)

La alegría de ser joven consagrada hoy

Otra convicción compartida en el encuentro por Hna. Isis es que la consagración vivida en la juventud sigue siendo un compromiso libre de amor y gratitud con Dios —que “se sigue jugando la vida por la humanidad”— y con una sociedad que demanda personas que vivan con coherencia y sencillez su fe en favor de los demás.

Esto supone, en definitiva, una invitación de Jesús “a vivir la propia vocación con otras en comunidad, siguiéndole, poniéndole al centro de la existencia, dejándose transformar por Él y haciendo posible su Reino hoy”.

“Esto sin dudas no sólo vale la pena, ¡vale la vida misma!” (Hna. Isis)

Regresar con la patena llena de nombres

Al concluir, según los testimonios, las hermanas junioras de la Provincia de América vivieron el regreso a las comunidades con gratitud, con el deseo de permanecer y con la patena de la oración llena de nombres. En ese horizonte resuenan para todas ellas las palabras de Santa María Micaela:

“Mis votos renuevo cada día; Dios quiere que le sirva como Él quiere… ya no tengo voluntad, a Él se la di”.

Y queda como síntesis final:

“¡Estamos vivas, somos ofrenda y caminamos juntas!”.

 

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